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Examen directo: dejar que el testigo cuente la historia
En el examen directo el protagonista es el testigo, y tu trabajo es que su historia llegue completa, ordenada y creíble.
Preguntas abiertas
Pregunta qué pasó, quién estaba, dónde, cuándo y cómo, y deja que responda con sus palabras. En general, las preguntas sugestivas no se aceptan en el examen directo, y un testigo que repite lo que le sopla el abogado resulta menos creíble.
Primero la persona
Antes de los hechos, deja que el tribunal conozca al testigo: quién es, a qué se dedica y por qué estuvo donde estuvo. Esa base hace que lo que cuente después tenga sentido.
Ordena la historia
Un relato cronológico es más fácil de seguir. Si necesitas empezar por el hecho más importante, hazlo con una frase breve y luego vuelve al principio. Usa preguntas de transición para que el tribunal sepa dónde está.
Pinta la escena
Los detalles concretos, como el lugar, la hora, lo que se dijo y lo que se vio, dan credibilidad. Pide al testigo que describa antes de concluir.
Preparar no es ensayar mentiras
Prepara al testigo explicándole cómo es la audiencia, cómo se contrainterroga y que debe responder solo lo que se le pregunta. Su relato debe ser el suyo.
Termina con fuerza
Cierra con una pregunta cuya respuesta sea lo más importante que quieres que el tribunal recuerde de este testigo.
Guía informativa. Las reglas sobre objeciones y sobre qué preguntas se admiten dependen del procedimiento.